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Thursday, July 21, 2011

Un tiempo para todo


La experiencia la llevaba siempre al mismo lugar al remolino de emociones del que tanto huía, el centro de su mundo, un espiral de vida lleno de imágenes e ideas, un rincón en el espacio que coincidía con su soledad. Eso era la vida un oscuro trascender sin esperanza y últimamente sin pena, ni gloria.

El lugar, ese maldito lugar que tanto odiaba, del que no había podido salir y la gente; esa gente que le parecía reciclada: enciclada –dijeran los compitas que se la llevaban ahí en la vida sin rumbo, en donde no pasó el tiempo…pero sí paso; y ahí se quedó- Los corridos, el té helado, un par de cervezas bien heladas y la compañía de las amigas que estaban ya en el ocaso de sus vidas ¿o era apenas el otoño? Todas se habían conocido ahí, huyendo de una realidad con la cual no estaban conformes y escogieron un lugar en donde súbitamente coincidieron; sintieron empatía porque al verse unas a otras era como ver su reflejo en otra vida que no era la suya, pero que entendían muy bien.

En ese lugar miraba a la gente pasar, mientras esperaba que llegaran sus compañeras de duelo y de vida. Al ver a las personas caminar, sus ojos se abrían para explorar atentamente la vida de cada uno: la pareja de jóvenes que pasa abrazada y con las caras llenas de ese amor inocente de juventud, el bolero que sonríe secretamente mientras busca a sus clientes que le darán el pan del día, la chica oficinista con sus largos tacones rosas, su pelo alisado y su manera de arreglarse –tan de chica fina- y hubiese deseado vivir todas esas vidas: ser la chica de los tacones, la joven que lleva la rosa en la mano y abraza tan orgullosamente a su amado. Hubiera querido llenarse de tiempo y reencarnar cada vez en una vida nueva y no en la que le tocó: vivir con un borracho y golpeador que la dejaba sin dinero, sin aliento y sin dignidad; pero así permaneció a su lado porque tuvo a los hijos y ya no pudo huir porque tras de uno le siguió el otro y el otro y por último el otro. La vida siguió, unos días bonitos; otros días no tanto, hasta que los hijos crecieron y huyeron del regazo de la madre para nunca más volver… para dejarla en el olvido: en ese lugar.

Hoy que ya no importa lo que pueda suceder, que ya la vida es así como es; poco a poco resurge, reencarna entre las charlas y los distintos personajes que pasan frente a sus ojos; hoy se da un tiempo… un tiempo para todo.

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