
Pasan de las cinco de la tarde:
Camina por un callejón con una bolsa de plástico en la mano, ríe y su risa invade el sendero de asfalto, hace un ligero movimiento que la obliga a agitar su cabeza e inmediatamente se manifiesta su cabello, lacio, oscuro, aún húmedo y recogido en una cola de caballo. Camina en grupo, acompañada de hombres jóvenes, mujeres de su edad y mayores… el grupo va creciendo: cruzan la calle del mundo, esquivando el tráfico y las miradas citadinas; caminan entre la gente…no se dispersan. Ella joven, piel morena, ojos rasgados, “chaparrita”, de labios “carnositos”, gruesos y recién pintados de color “chocolate”, sus cejas también delineadas con lápiz café; camina victoriosa, con una idea fija que la salva de la ingratitud de un trabajo arduo y mal pagado: llegar a casa.
El sol se ha metido, hace un poco de frio así que no es necesario cargar el suéter o la chamarra, la de Ella es marrón con peluchito –bien calientita-; el grupo sigue su camino de callejones, se topa con carros de lujo, basura, perros y algunos “muchachos pinteros” fuera de la escuela…son otro grupo -el de uniforme-. Otro bonche que desde el anonimato los mira y apunta desde lejos… y ¡ahí está! Ahí va Ella con las “Ellas” las sin nombre, las comunes, las corrientes “las maquilarañas”.
0 comments:
Post a Comment